Milagros dan por resultado un edificio para una iglesia hispana

Por Mike Creswell/Biblical Recorder, posted Thursday, March 16, 2017 (2 months ago)

El pastor Felix Villareal y su esposa, Pat, esperan celebrar los primeros servicios de alabanza en La Primera Iglesia Bautista del Amor durante esta primavera. Como lo dice el nombre de la iglesia, los esfuerzos por financiar y construir la iglesia han sido una obra de amor.
BSC foto de Mike Creswell.
GLENVILLE, C.N. (BP) -- En el condado Jackson, manejando unas cuantas millas fuera de Glenville a través de las colinas boscosas que aparecen en esa tierra, encontrarás un edificio en construcción para una iglesia bautista.

Esto no es algo fuera de lo común en Carolina del Norte, pero este edificio en particular tiene una historia interesante.

Lo está construyendo una congregación bautista hispana de 25 miembros y un pastor imparable, Felix Villareal, quien dice que se han necesitado milagros para que esta construcción se haya hecho.

La iglesia se llama La Primera Iglesia Bautista del Amor.

Villareal, de 63 años, sigue teniendo un suave acento del sur de Texas que trajo del área de McAllen donde nació y creció. Su padre, nacido en México, era el jefe de la brigada de obreros campesinos migrantes, y Villareal se iba mudando con su familia siguiendo las cosechas que tenían que recoger por todo el país.

Después de la muerte de su padre, su familia enfrentó duras condiciones de vida en los campamentos para migrantes, y los 15 años, Villareal decidió que ya había llegado a su límite. Fue en pos de sus talentos naturales para trabajar con sus manos y se las ingenió para aprender cómo funcionaban las cosas y convertirse en un carpintero de gabinetes. Como muchos pastores hispanos y anglosajones, Villareal tiene dos empleos.

Conoció a Pat, su futura esposa, en Florida; le siguieron 43 años de matrimonio y dos hijos. La gran mayoría del tiempo vivieron en el oeste de Carolina del Norte.

"Me encanta ese lugar," dijo echándole un vistazo a las montañas que lo rodean y dominan el área de Glenville-Cashiers.

Hace unos 15 años, Villareal fue uno de los primeros pastores bautistas hispanos en el oeste de Carolina del Norte que se afilió con la Convención Estatal Bautista de Carolina del Norte en la plantación de iglesias y de otros ministerios. Sigue estando muy involucrado en la vida de la convención.

Hace años, hubo un cambio en la enseñanza de la Escuela Dominical que lo llevó hacia el ministerio, y con el tiempo se convirtió en pastor. Su hambre insaciable de ser misionero y evangelista con el tiempo lo llevó a participar en viajes misioneros.

Eso también le llevó a aprender una lección sobre la fidelidad de Dios. En una ocasión, rechazó una invitación para ir a un viaje misionero porque no tenía dinero. Pero cuando aquellos que sí fueron regresaron y le contaron lo emocionados que estaban al ver visto lo que Dios estaba haciendo, lloró como un niño porque se lo había perdido.  

La próxima vez que hubo un viaje misionero, seguía sin dinero, pero se había comprometido a ir. Dios proveyó el efectivo que necesitaba. Todavía sigue haciendo un promedio de dos viajes misioneros a México anualmente, va áreas tan diversas como Veracruz o Tabasco en el medio del país. Sigue confiando en que Dios cubrirá sus gastos.

Al pasar de los años, mientras fue pastor en el Condado Jackson y sus alrededores, notó que varias veces tuvo un grupo que funcionaba como una iglesia, pero se reunían en edificios prestados o alquilados. El crecimiento se detenía porque no contaban con un lugar permanente para reunirse. Dios le dijo que construyera un edificio para la iglesia.

Hace muchos años, intentó comprar una propiedad en particular, en las afueras de Glenville, pero estaba anexada a una casa lujosa y cara que ni en sueños podría comprar. Uno de los bancos donde solicitó un préstamo ni siquiera le devolvía las llamadas.

Pero en años más recientes, le llamaron para que hiciera unos gabinetes para el nuevo dueño de esa misma casa. En una conversación casual, Villareal le dijo al dueño que alguna vez había intentado comprar el terreno junto a la casa para construir una iglesia, pero no pudo conseguir semejante cantidad de dinero.

"Bueno," le dijo el hombre, "Yo te lo vendo." Incluso estuvo de acuerdo en financiar la transacción de 2.6 acres de terrenos localizados entre dos comunidades privadas y caras.

Muy pronto llegaron a un trato, y ahora que es el propietario de un terreno, Villareal se concentró en lograr construir el edificio.

"Yo le dije a Dios, 'Si tú quieres que haga esto, yo no tengo dinero,' recordaba. "No teníamos ni un centavo," especificó.

Pero una petición ante las iglesias del área, donde se conocían muy bien los largos años del servicio de Villareal, recaudó $34,000 y pudieron comenzar la construcción.

De hecho, comenzó cavando en el suelo, donde los voluntarios y el mismo Villareal excavaron los espacios para los pedestales de los cimientos e hicieron el trabajo básico de ladrillos. "Tenemos varios miembros con experiencia en construcción con ladrillos," dijo.

Un grupo llamado Constructores para Cristo trajo varias decenas de obreros de Carolina del Norte y otros estados. En una semana, pudieron construir los pisos, paredes, y las armaduras para el techo y el techo mismo. El arquitecto que trazó los planos para el edificio estaba asombrado de lo rápido que tomó forma el edificio.

Unas ventanas que habían sido remplazadas en una casa fueron donadas al edificio. Los comerciantes locales donaron o proveyeron equipo a bajo costo.

Sin embargo, después de un comienzo tan prometedor, se acabó el dinero. La construcción se detuvo. "Señor, ¿qué vas a hacer ahora?" preguntó Villareal.

La respuesta llegó a través del arquitecto. Un donador anónimo se comprometió a financiar el resto del edificio.

"El Señor ha sido una bendición, un alentador. Ha sido mi escudo y mi fuerza," dice Villareal, con lágrimas en los ojos. Para sorpresa del arquitecto, se derritieron varias barreras que hubieran detenido la construcción, una y otra vez.

Él subraya ante los visitantes del santuario que el techo tendrá alumbrado lateral y asientos para 78 personas al inicio. "Si lo llenamos, ¡qué maravilla! Haremos dos servicios de alabanza," dijo Villareal.

El sótano incluirá una cocina y una área para convivencias, junto con un espacio para una alacena donde almacenar alimentos y ropa para los necesitados.

Ahora que la mayoría de la construcción básica se ha terminado, el proyecto ahora está al nivel de las habilidades de carpintería de Villareal. Él y otros voluntarios están trabajando fielmente en el nuevo edificio.

Para el mes de febrero, el cableado y los ductos para el sistema de aire acondicionado y calentamiento estaban instalados. Dos juegos de puertas, una puerta principal y otra para el pasillo de entrada, están ahí dentro y esperando ser instaladas. Un letrero con el nombre de la iglesia será puesto al frente. Un banco cercano se usó como estacionamiento nivelado.

Villareal anticipa que tendrá el primer servicio de alabanza en el nuevo edificio a fines de la primavera. Está seguro que será un gran evento. O quizás sea un poco después ya que planifica hacer un viaje misionero a México cerca del Domingo de Resurrección.

A menudo la gente para a Pat y su esposo cuando van caminando por Glenville y Cashiers, preguntándoles cómo va el edificio. "Hay mucha emoción por el edificio. Esto es algo inusual para nosotros los hispanos," dijo.

Para Villareal, la construcción le ha demostrado de nuevo la fidelidad de Dios y la velocidad con la que él crea los milagros necesarios para cumplir sus propósitos.

Mike Creswell sirve como el consultor veterano para el desarrollo del Programa Cooperativo con la Convencion Estatal Bautista del Carolina del Norte en Cary, C.N.
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